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 LE LLAMABAN EL PROSCRITO (una historia del Oeste)

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YO
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MensajeTema: LE LLAMABAN EL PROSCRITO (una historia del Oeste)   Jue Sep 29, 2011 3:33 pm

LE LLAMABAN EL PROSCRITO

Le llamaban el Proscrito, y a decir de muchos era el más rápido de todo el Oeste americano disparando su revólver. Era tal su fama que siempre era perseguido por todas partes por otros pistoleros, también rápidos, ante el anhelo de situarse en el primer lugar del ranking que él ostentaba, no dudado, para ello, retarle y darle muerte.

Se encontraba nuestro hombre, ese día, apoyado en la barra de la cantina situada en los bajos del Hotel Grand Smith mientras bebía su tercer güisqui a la espera de la llegada del tren, que en aquel remoto lugar tenía parada, con dirección a su nuevo destino.

El salón de la cantina era el típico lugar del Oeste y los parroquianos que en ese momento estaban allí sentados, probablemente también a la espera del ferrocarril, no destacaban mucho de los personajes que la leyenda nos ha traído hasta nuestros días. Grupos de hombres de apariencia muy diversa en lo que a condición social se refiere jugando a las cartas; otros individuos con estampa de comerciantes, también alguna familia de aspecto rural y otros grupos muy diversos. En un rincón un par de clérigos charlaban animadamente.

Todo se desarrollaban en un ambiente tranquilo pero cargado por el humo del tabaco y una musiquilla pegadiza que desde una pianola al fondo del local era tocada magistralmente por un joven pianista. Nadie, se supone, podría imaginarse el echo luctuosos que se avecinaba.

En aquel momento alguien entró de manera precipitada en el bar y con voz altanera retó al Proscrito diciéndole.

–¡Por fin te encuentro Proscrito! Es el fin de tus días.

Éste se volvió viendo ante él, de manera provocativa, una figura totalmente enmascarada que, con pose de intentar sacar sus pistolas de las cartucheras seguía diciéndole:

—He tardado mucho tiempo en dar contigo, pero es el momento de dejar de lado tu fama de número uno del Oeste. Desenfunda…

Por un momento pasaron por la imaginación del Proscrito, con la rapidez del rayo, decenas de escenas como esta y viendo al momento también decenas de cadáveres de sus retadores. Ya estaba harto de su fama y de tener que demostrar en cada lugar ser más rápido o ser materia para el enterrador local. Se giró hacia su vaso de güisqui y no quiso hacer caso a la bravata. Pero el visitante no se dio por vencido, y su reto fue más alto, pues sus palabras ya resultaban insultantes además de provocativas.

—¡Ahí lo tiene todos ustedes! El Proscrito, el más rápido con el revólver de todo el Oeste, pero el más cobarde que huye ante un reto. Si eres un hombre, sal a la calle, ahí te espero.

Todas las miradas iban de uno a otro. Las murmuraciones no se hicieron esperar, y el Proscrito, sin inmutarse, sacó unas monedas que dejó en el mostrador y girándose lentamente se dirigió a la puerta de la calle. El personal que había en el salón se arremolinó, acercándose a las ventanas que daban su vista a la explanada frente al Hotel.

El Proscrito bajó los tres escalones que separaban el edificio del suelo. Se plantó mirando al enmascarado con mirada fría y también desafiante, y lentamente, con una lentitud pasmosa fue acercándose a su provocador. Sus brazos totalmente perpendiculares al torso y sus manos entreabiertas dispuestas a sacar de su funda los revólveres si era necesario.

El enmascarado sonrió. Vio su gran oportunidad de colocarse en lo más alto de la fama de aquellos contornos, pues estaba seguro de la velocidad de sus manos y la agilidad de sus dedos apretando el gatillo. No quería ponerse nervioso porque los nervios podrían traicionarle y jugarle una mala pasada retrasando una milésima de segundo el disparo, pero la pasividad de el Proscrito mientras caminaba a su encuentro lo traicionó, hizo el gesto de sacar sus pistolas para disparar, pero el Proscrito tenía esa fama bien ganada, y milésimas de segundo antes de que el enmascarado pudiera disparar, ya tenía éste dos balas en su cuerpo; dos balas que le ocasionaron la muerte.

Todos los parroquianos del salón salieron a la calle y vieron cómo el Proscrito se agachaba ante aquella figura enmascarada y de un fuerte tirón arrancó la grotesca máscara.

El Proscrito, como empujado por un resorte se puso en pié quedándose petrificado. Sus manos dejaron caer al suelo los revólveres de cuyo interior salieron las balas mortíferas, y en un tono de voz entre lastimero y entrecortado como un gemido dijo así:

—Batty, Batty. Mi pequeña Batty… ¿por qué?

The End

.
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Batty
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MensajeTema: Re: LE LLAMABAN EL PROSCRITO (una historia del Oeste)   Jue Sep 29, 2011 4:49 pm

...Batty, Batty. Mi pequeña Batty ¿Por qué?
A Batty aún le quedaba un pequeño hilo de aliento, el suficiente para contestar a su amado:
-Porque te quiero demasiado. Porque son tus palabras las que me llegan como impactos de balas, y ya sin querer oponer ningún tipo de resistencia caigo en tus pies o sino, encima tuyo como una serpentina...Tu inercia se hace inevitable y yo sólo quiero que tú me pases...
Porque soy tan tuya que mi verdad, al igual que mi muerte, te pertenecen.

Batty.
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YO
Invitado



MensajeTema: Re: LE LLAMABAN EL PROSCRITO (una historia del Oeste)   Jue Sep 29, 2011 5:44 pm

Vaya par de locos, Batty, que estamos hechos. Qué placer comprobar que tienes también gran imaginación. Pues sigamos... que la vida hay que tomarla con buen sentido del humor y derroche imaginativo.

Estoy pensando que, para mi próximo relato, me digas qué te gustaría ser: Campanilla, la amante de Cuasimodo, una pirata de los mares del Sur, Sor Citroën, una maestra de escuela o Juana la Loca.

Si te decides por esto último, te recitaré aquello de:

De Isabel tuvo la sangre poderosa,
y el sentir de su buen padre don Fernando.
La belleza tarraconense dio a sus ojos,
talismán de un corazón enamorado.
Burgos clama su locura, Valladolid se lamenta,
Tordesillas la recoge, de celos ya medio muerta.
En Alacant el Proscrito, sueño de mármol reposa,
y en Tarragona vive presa, la locura de su esposa.
Celos del amor y el viento, qué tormento.
Celos del mar y del aire
doña Batty está dormida, qué fatiga,
que no la despierte nadie.
Reina Batty, ¿por qué lloras, si tu pena es la mejor?
ya que no fue un mal cariño, que fue locura de amor.


YO, el Proscrito


.
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Batty
Maestro/a
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Mensajes : 3800
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MensajeTema: Re: LE LLAMABAN EL PROSCRITO (una historia del Oeste)   Jue Sep 29, 2011 6:35 pm

Holaaa,
Gracias... Tengo el mejor maestro. Cantera de imaginación inagotable...
Precioso, precioso el poema. Me ha encantado.
A ver, a ver... Menos maestra y Sor Citroen, lo dejo a tu elección. A decir verdad,
la primera que me ha llamado la atención ha sido la amante de Cuasimodo. Pero
Campañilla y Juana la loca también resultan muy apetitosas jajajjjj. Te lo dejo a ti.
Entre estas tres. Todo sea dicho que si hay que elegir entre Cuasimodo y el Hermoso...
Nada, nada... Que el Hermoso era un ficha..
Cuasimodo!!! Bueno, tu mismo..

Un abracitoo
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