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 El gran colisionador de hadrones

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Liptuan
V.I.P.
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MensajeTema: El gran colisionador de hadrones   Mar Oct 15, 2013 8:34 pm

Otro artículo que Investigación y ciencia nos deja leer entero sin pagar, mira qué bien, a ver si es verdad que lo leo. Os lo dejo por si os interesa.

Investigación y ciencia escribió:
El gran colisionador de hadrones
El Gran Colisionador de Hadrones será un acelerador de partículas de energía y complejidad sin precedentes. Personas e instituciones de muchos países colaboran para descubrir un nuevo estrato exótico de la realidad.
Smith, Ch. Llewellyn


A caballo sobre la frontera franco-suiza, se indica en amarillo la localización del túnel de 27 kilómetros que albergará el Gran Colisionador de Hadrones (LHC), situado a cien metros bajo el suelo. Los círculos más pequeños señalan las posiciones de las cavernas donde se hallan los detectores y los equipos auxiliares. [CERN]
Este artículo incluye
Participación española en el programa experimental del LHC
Nueve grupos de físicos experimentales españoles colaboran en el proyecto y la realización de tres de los cuatro grandes detectores de partículas del acelerador.

Bosman, Martine Cavalli-Sforza, M.
[NOTA DE LOS EDITORES: Con motivo de la concesión del premio Nobel de física de 2013 a François Englert y Peter Higgs por la formulación matemática del mecanismo que confiere masa a las partículas elementales, IyC ofrece a sus lectores, durante un mes, el texto íntegro de este artículo, recomendado por la Fundación Nobel en su informe divulgativo.

El artículo completo, con fotografías e infografías, puede adquirirse por separado o bien a través de la revista correspondiente.]



Cuando dos protones viajan al 99,999999 por ciento de la velocidad de la luz y chocan frontalmente la consiguiente explosión subatómica pone en juego una energía de 14 billones de electronvoltios (TeV). Esta energía, que representa 14.000 veces la que almacena un protón en reposo, se distribuye entre las partículas más pequeñas que forman cada protón: los quarks y los gluones que los mantienen unidos. En la mayoría de las colisiones la energía se desaprovecha, porque los quarks y gluones individuales chocan lateralmente, desprendiendo un chorro tangencial de partículas usuales, catalogadas y analizadas desde hace ya tiempo. Pero hay ocasiones en las que dos quarks chocan frontalmente con una energía de 2 TeV o más. Los físicos están seguros de que la naturaleza conserva nuevos ases en la manga, que habrá de manifestar en tales colisiones. Quizá se trate de una partícula exótica conocida como el bosón de Higgs. Tal vez sean indicios de un efecto milagroso denominado supersimetría y hasta puede que algo inesperado ponga patas arriba la física teórica de partículas.

La última vez que se produjo en gran escala una colisión de quarks tan violenta fue hace miles de millones de años, durante el primer picosegundo (10–12 segundos) siguiente a la gran explosión (“big bang”), pero volverán a ocurrir de nuevo hacia el año 2005, en un túnel circular existente bajo los campos franco-suizos cerca de Ginebra. Esa es la fecha en que miles de científicos e ingenieros de docenas de países esperan acabar de construir los gigantescos detectores para el Gran Colisionador de Hadrones (“Large Hadron Collider”, LHC) y empezar los experimentos. Este proyecto, tan amplio y de tanta ambición técnica, está coordinado por el CERN (el Laboratorio Europeo de física de partículas), que tiene la importante responsabilidad de construir el propio acelerador, y se encuentra en plena marcha.

El LHC tendrá unas siete veces la energía del colisionador Tevatron del Fermi National Accelerator Laboratory de Batavia, Illinois, instalación en la que se descubrió el tan buscado quark “top” en experimentos realizados entre los años 1992 y 1995 [véase “El descubrimiento del quark cima” por Tony M. Liss y Paul L. Tipton; Investigación y Ciencia, diciembre 1997]. El LHC alcanzará estas energías sin precedentes a pesar de haberse construido dentro de un túnel de 27 kilómetros ya existente. Dicho túnel alberga el “Large Electron-Positron Collider” (LEP) del CERN, que se ha utilizado para realizar medidas de precisión para comprobar la teoría de la física de partículas a energías del orden del uno por ciento de la energía del LHC. Usando el túnel del LEP, el LHC evita los problemas que implica y los grandes gastos que comporta la construcción de un túnel nuevo y mayor, así como la de los cuatro aceleradores menores de inyección y los correspondientes servicios complementarios. Pero adaptar las trayectorias de los haces de protones de 7 TeV a las curvas del viejo túnel requerirá campos magnéticos más intensos que los que ningún acelerador haya usado hasta ahora. Tales campos serán producidos por 1232 imanes de 15 metros de largo instalados a lo largo del 85 por ciento de la circunferencia del túnel. Los imanes serán alimentados por cables superconductores que soporta­rán corrientes de 12.000 am­perios y estarán enfriados por helio superfluido a una temperatura de –271 grados Celsius, dos grados por encima del cero absoluto.

Para realizar experimentos de física interesantes no basta con disponer de protones de alta energía. Lo que cuenta es la energía de las colisiones entre los constituyentes de los protones, los quarks y los gluones, que se reparten la energía de los protones de manera fluctuante. En el LHC chocarán haces de protones de intensidades sin precedentes para aumentar el número de colisiones raras entre quarks y gluones que tengan fracciones inusualmente elevadas de la energía de sus protones progenitores. La intensidad, o “luminosidad”, del LHC será 100 veces mayor que la de los colisionadores preceden­tes, como el Tevatron, y 10 veces la del cancelado Supercolisionador Superconductor (SSC). El SSC habría sido un competidor directo del LHC, que hubiera hecho colisionar haces de protones de 20 TeV en un túnel de 87 kilómetros de circunferencia alrededor de Waxahachie, Texas. En relación al SSC, la mayor intensidad del LHC compensará ampliamente la menor energía del haz, pero hará que los experimentos sean mucho más difíciles. Intensidades tan elevadas provocarán además otros problemas, como el caos en las órbitas de los haces, que habrá que superar para que los haces se mantengan estables y bien enfocados.

En cuatro puntos a lo largo del anillo del LHC se producirán mil millones de colisiones por segundo, cada una de las cuales producirá unas 100 partículas secundarias. Enormes detectores —el mayor de los cuales tiene casi la altura de un edificio de seis pisos—, formados por miles de complicados componentes, registrarán todos los residuos. Elaborados algoritmos computacionales tendrán que escrutar toda esta avalancha de datos instantáneamente para decidir cuáles sean los que merezcan ser registrados para proceder posteriormente a su completo análisis (probablemente serán entre 10 y 100 por segundo).


Cuestiones pendientes

A medida que se estudia la naturaleza con sondas de mayor energía, se profundiza en la estructura de la materia a escalas de distancia cada vez menores. Los experimentos realizados con los aceleradores existentes la han explorado hasta una trillonésima de metro (10–18 metros). Los proyectiles del LHC penetrarán aún más en el corazón de la materia, hasta 10–19 metros. Bastaría esto para estimular los apetitos científicos, pero ya se ha dado la señal de salida para una nueva carrera investigadora, pues hay razones de peso que indican que en este nuevo dominio, que los datos del LHC esclarecerán, deberían encontrarse las respuestas a cuestiones importantes.

Los físicos de partículas han establecido en los 30 últimos años un marco relativamente coherente —el modelo estándar—, que describe con éxito la estructura de la materia hasta unos 10–18 metros. El modelo estándar (véase el recuadro) caracteriza sucintamente todos los constituyentes conocidos de la materia y tres de las cuatro fuerzas que controlan su comportamiento. Los constituyentes de la materia son seis partículas llamadas leptones y otras seis llamadas quarks. Una de las fuerzas, conocida como la fuerza fuerte, no actúa más que sobre los quarks, ligándolos para formar centenares de partículas a las que se llama hadrones. El protón y el neutrón son hadrones; un efecto residual de la fuerza fuerte los une para formar los núcleos atómicos. Las otras dos fuerzas son el electromagnetismo y la fuerza débil; ésta sólo opera a distancias muy cortas, pero es responsable de la desintegración radiactiva beta y es esencial para el ciclo de combustión del Sol. El modelo estándar explica elegantemente estas dos fuerzas mediante la fuerza “unificada” electrodébil, que relaciona sus propiedades a pesar de tener una apariencia muy distinta.

Más de dos decenas de físicos han ganado premios Nobel por sus contribuciones al modelo estándar, desde la teoría de la electrodinámica cuántica (el premio de 1965) hasta los tra­bajos teóricos de Gerardus ‘t Hooft y Martinus J. G. Veltman (1999), pasando por el descubrimiento del neutrino y el de la partícula tau (1995). Pero aunque se trate de un gran logro científico, confirmado por una plétora de experimentos (algunos de extraordinaria precisión), el modelo estándar tiene algunos defectos serios.

Primero, no incluye de manera consistente la teoría de Albert Einstein sobre las propiedades del espacio-tiempo y sus relaciones con la materia. Esta teoría, la relatividad general, proporciona una bella descripción de la cuarta fuerza, la gravedad, que está muy bien verificada experimentalmente. La dificultad es que el modelo estándar es una teoría plenamente mecánico-cuántica, mientras que la relatividad general no lo es y, por tanto, sus predicciones han de fallar a escalas muy pequeñas (muy alejadas del dominio en que se ha comprobado). La ausencia de una descripción mecánico-cuántica de la gravedad hace que el modelo estándar sea lógicamente incompleto.

En segundo lugar, aunque sus sencillas ecuaciones describan con éxito un gran abanico de datos, el modelo estándar contiene muchos extremos aparentemente arbitrarios. Es demasiado barroco, demasiado bizantino, para ser toda la historia. Por ejemplo, no indica por qué tenga que haber seis quarks y seis leptones en vez de, digamos, dos o cuatro. Tampoco explica por qué el número de leptones y el de quarks sean iguales. ¿Es una pura coincidencia? Sobre el papel pueden construirse teorías que dan respuestas y explicaciones mejores y en las que hay profundas conexiones entre los quarks y los leptones, pero no sabemos cuál de estas teorías sea la correcta, de serlo alguna.

Tercero, el modelo estándar tiene un elemento inacabado y no comprobado. No se trata de ningún detalle menor, sino de un componente central: un mecanismo para generar las masas observadas de las partículas. Las masas de las partículas tienen una gran importancia. Por ejemplo, alterando la masa del electrón cambiaríamos toda la química; las masas de los neutrinos afectan a la expansión del universo. (Las masas de los neutrinos serían, como mucho, de unas millonésimas de la masa del electrón, pero experimentos recientes indican que es probable que su valor no sea nulo. [Véase “Detección de la masa de los neutrinos,” por Edward Kearns, Takaaki Kajita y Yoji Totsuka; Investigación y Ciencia, octubre de 1999.]


El mecanismo de Higgs

Los físicos consideran que las masas de las partículas resultan de sus interacciones con un campo que ocupa todo el universo; cuanto más fuertemente se relaciona una partícula con el campo, más masa tiene. Pero la naturaleza de este campo permanece desconocida. Podría tratarse de un nuevo campo elemental, conocido como el campo de Higgs, en honor del físico británico Peter Higgs. Otra posibilidad es que no fuese un objeto elemental, sino que estuviese formado por nuevas partículas (“techniquarks”) fuertemente ligadas por una nueva fuerza (“technicolor”). Incluso si se tratase de un campo elemental, el asunto del Higgs permite muchas variaciones: ¿cuántos campos de Higgs existen? ¿cuáles son sus propiedades concretas?

Pero se sabe con certeza casi matemática que, sea cuál sea el mecanismo responsable, tiene que producir nuevos fenómenos en el rango de energías del LHC, tales como partículas de Higgs observables (que serían una manifestación de las ondulaciones del campo subyacente) o technipartículas. El objetivo principal del diseño del LHC es, por tanto, descubrir estos fenómenos y esclarecer la naturaleza del mecanismo de generación de la masa.

Los experimentos del LHC también tendrán que ver con otros nuevos fenómenos que podrían confirmar una u otra de las teorías especulativas que amplían o completan el modelo estándar. Para señalar tan sólo un ejemplo particularmente interesante, mencionemos que se acepta ampliamente que la teoría más completa tendrá que incorporar una “supersimetría”. La supersimetría incrementaría considerablemente el conjunto de relaciones entre las partículas elementales y las fuerzas. La llamada supersimetría local incluye además de manera auto­mática la gravedad. E inversamente, la única teoría conocida que podría combinar con éxito la relatividad general y la mecánica cuántica (la teoría de cuerdas) requiere la supersimetría. Si la supersimetría fuese correcta, los físicos tendrían muy buenas razones para creer que el LHC podría encontrar las nuevas partículas por ella predichas.

Estos nuevos fenómenos podrían descubrirse antes de que el LHC empiece a funcionar. La energía del LEP se sigue incrementando más allá de los 100 gigaelectronvoltios (GeV) por haz y el Tevatron del Fermilab estadounidense volverá a hacer chocar de nuevo haces de protones y de antiprotones el año próximo, tras una importante mejora que se ha completado en 1999. Cualquiera de las dos máquinas podría “adelantarse” al LHC con algún descubrimiento, como el reciente del neutrino del tau, o tauónico, la única partícula de materia del modelo estándar que quedaba por descubrir. Pero aunque lo hicieran, no harían más que revelar la punta de un nuevo iceberg y el LHC seguiría siendo el lugar donde se harían los estudios completos de los nuevos procesos.

Si ni el LEP ni el Tevatron observan estos nuevos fenómenos, el LHC emprenderá su búsqueda. Su rango de exploración se solapa con el de los aceleradores actuales, sin dejar espacios en los que la nueva física se pudiera ocultar. Las medidas de gran precisión realizadas durante los últimos siete años en el LEP, en el Stanford Linear Accelerator Center y en el Fermilab han eliminado además prácticamente la duda de que el bosón de Higgs pudiera estar fuera del alcance de las energías del LHC. Actualmente está claro que los nuevos fenómenos físicos asociados con la generación de la masa se descubrirán en el LHC, ya sea el bosón de Higgs u otros.


Emulando la gran explosión

El estudio de esta clase de fenómenos requiere la recreación de las condiciones que existieron justo después de una billonésima de segundo tras la gran explosión, una tarea que exige llevar las técnicas modernas hasta sus límites y aún más allá. Tan sólo analizaré tres de los subsistemas del LHC que son más decisivos y que han supuesto un mayor reto técnico: los imanes del acelerador, la adquisición de datos y los detectores.

Para mantener a los haces de protones de 7 TeV en su trayectoria, los imanes de curvatura del acelerador tienen que crear un campo magnético de 8,3 tesla, casi 100.000 veces el campo magnético de la Tierra y el mayor jamás usado en un acelerador. Para conseguirlo se basarán en la superconductividad. Por delgados hilos superconductores pueden fluir sin resistencia grandes corrientes, lo que permite construir imanes compactos capaces de generar intensidades de campo magnético imposibles de obtener mediante los electroimanes habituales, hechos a base de hilos de cobre (véase la figura 3). Para que funcione continuamente la superconductividad —con 12.000 amperios de corriente— hay que mantener los núcleos de los imanes a –271 grados C en los 22,4 kilómetros del túnel. Nunca antes se ha­bía intentado la criogenia a tal escala.

En diciembre de 1994 funcionó durante 24 horas un prototipo de una parte del LHC, lo que confirmó que las especificaciones técnicas fundamentales de los imanes eran correctas. Desde entonces se han hecho otras pruebas con prototipos que han simulado unos 10 años de funcionamiento del LHC (véase la figura 2).

Como el proyecto del SSC de 40 TeV se canceló en 1993, el LHC de 14 TeV es el único proyecto de acelerador del mundo que puede mantener un programa de investigación variado en la frontera de las altas energías. La decisión de emplear haces de la máxima intensidad posible en el LHC parecía muy arriesgada a principios de 1990, cuando se estaba acabando el proyecto del SSC, porque no estaba claro que los detectores fueran capaces de tratar el enorme ritmo de producción de datos ni de resistir los daños de la radiación provocada por el gran número de partículas desprendido en las colisiones. Pero gracias al desarrollo de los detectores generado por el SSC y el LHC ahora es factible.

Los intensos haces plantean extraordinarias dificultades para la adquisición de datos a quienes planean los experimentos. Los haces consisten en paquetes de protones unidos como los eslabones de una cadena, separados por 25 milmillonésimas de segundo. Pares de estos paquetes se cruzarán 40 millones de veces por segundo en cada punto de colisión, produciendo unas 20 colisiones protón-protón cada vez. Los choques se repetirán tan a menudo que las partículas de uno estarán pasando todavía por los detectores cuando se produzca el siguiente. De estos 800 millones de colisiones por segundo, sólo aproximadamente una entre mil millones será una colisión frontal entre quarks. Para resistir este ritmo furioso, la información del detector permanecerá en unos conductos electrónicos lo suficientemente largos como para almacenar los datos de unos cuantos miles de colisiones. Esto permitirá que la electrónica subsiguiente tenga el tiempo suficiente para decidir cuándo una colisión es interesante y debe registrarse antes de que los datos alcancen el final del conducto y se pierdan. Los detectores del LHC tendrán decenas de millones de canales de lectura. El manejo de todas estas señales que se originan en una misma colisión protón-protón y se almacenan en el conducto será todo un reto intelectual.


Choques de quarks

Los detectores de partículas son los ojos electrónicos de los físicos, que diligentemente observan cada suceso en busca de señales de los más interesantes. El LHC tendrá cuatro detectores de partículas. Dos serán gigantescos; cada uno de ellos estará construido como una muñeca rusa (una “matryoshka”), con módulos que se ajustan con precisión dentro de otros módulos y en cuyo centro estará el lugar de colisión. Cada módulo, repleto de los más modernos aparatos, se ha construido para realizar observaciones específicas antes de que las partículas pasen a la capa siguiente. Estos detectores de uso múltiple, ATLAS y CMS, que tienen 22 metros de alto, buscarán las partículas Higgs y la supersimetría y estarán atentos a lo inesperado, registrando tantos residuos de las colisiones como puedan. Dos detectores menores, ALICE y LHCb, se centrarán en otras áreas físicas específicas.

Tanto ATLAS como CMS están optimizados para detectar muones, electrones y fotones enérgicos, cuya presencia pudiera indicar la producción de nuevas partículas, tales como los bosones de Higgs. Pero ambos utilizan métodos muy diferentes y estructuras y técnicas complementarias. Los años que se han dedicado a simular informáticamente su funcionamiento han demostrado que son capaces de detectar cualquier nuevo fenómeno que la naturaleza pueda exhibir. El detector ATLAS (acrónimo de “A Toroidal LHC ApparatuS”) se basa en un enorme imán tórico equipado con detectores concebidos para identificar muones en el aire (véase la figura 4). El detector CMS (acrónimo de “Compact Muon Solenoid”) sigue la técnica más tradicional de usar cámaras dentro del entrehierro de un imán solenoidal de gran potencia para detectar muones (véase la figura 5).

Parte del detector CMS estará formado por cristales que brillan, o centellean, cuando entran en ellos electrones y fotones. Tales cristales son extremadamente difíciles de fabricar y el CMS se beneficia de la experiencia obtenida del actual experimento L3 del CERN, que también los usa. (El detector L3 es uno de los cuatro que han estado en funcionamiento desde 1989 en el colisionador LEP, con el que se han rea­lizado estudios de precisión de la fuerza débil, cuyo resultado ha sido que existen exactamente tres clases de neutrinos cuya masa es cero o muy pequeña.) Antes del L3 tales cristales sólo se habían fabricado en pequeñas cantidades, pero L3 necesitó 11.000 de ellos. El tipo de cristales desarrollado para L3 se usa mucho actualmente en dispositivos de obtención de imágenes médicas. CMS necesita siete veces más de tales cristales, que estarán hechos de un material más robusto. Es probable que la calidad superior de los cristales del CMS tenga unas consecuencias aún mayores en el campo médico a su debido tiempo.

ALICE (acrónimo de “A Large Ion Collider Experiment”) es un experimento más especializado, que tendrá lugar cuando en el LHC choquen núcleos de plomo a la colosal energía de 1150 TeV. A tal energía se espera que se “fundan” los más de 400 protones y neutrones de los núcleos colisionantes, desprendiendo sus quarks y gluones para formar un glóbulo de plasma de quarks y gluones (QGP, de “Quark-Gluon Plasma”), como el que dominó el universo unos 10 microsegundos después de la gran explosión [véase “Una gran explosión originaria en pequeño” por Madhusree Mukerjee; Investigación y Ciencia, mayo 1999]. ALICE utiliza el imán del experimento L3, con nuevos detectores optimizados para el estudio del QGP.

Existen datos convincentes de que los experimentos del CERN ya han creado un plasma de quarks y gluones. El Colisionador de Iones Pesados Relativista (“Relativistic Heavy Ion Collider”, RHIC) del Brookhaven National Laboratory tendrá una buena oportunidad de estudiar detalladamente el QGP en los próximos años, a base de dotar a sus colisiones de diez veces más energía por nucleón que la que almacenan los actuales programas del CERN. El LHC la aumentará aún más, por un factor de 30. La mayor energía del LHC complementará el más variado conjunto de experimentos del RHIC, garantizando un estudio completo de una importante fase de la evolución del universo primitivo.

El mesón B, el objetivo de las investigaciones del LHCb, nos podrá ayudar a saber por qué el universo está formado de materia en vez de tener iguales cantidades de materia y de antimateria [véase “Asimetría entre materia y antimateria” por Helen R. Quinn y Michael S. Witherell; Investigación y Ciencia, diciembre 1998]. Un tal desequilibrio no puede surgir más que si los quarks y los antiquarks pesados se desintegran en sus parientes más ligeros con ritmos diferentes. El modelo estándar puede acomodar este fenómeno, conocido como violación de CP, pero probablemente de manera insuficiente como para explicar del todo el predominio de la materia en el universo. Los físicos han observado la violación de CP en la desintegración de los quarks extraños, pero son necesarios los datos relativos a los pesados quarks y antiquarks “fondo” (bottom), los constituyentes de los mesones B, a fin de establecer si la descripción del modelo estándar es correcta.

En 1999 empezaron los experimentos en dos “fábricas de B” (las llamadas “B factories”), situadas en California y en Japón, que pueden producir decenas de millones de mesones B por año. La gran luminosidad de los haces del LHC puede producir un billón de mesones B por año para el LHCb, lo que permitirá estudios de mucha mayor precisión y quizás el descubrimiento de modos de desintegración inauditos y decisivos, que son demasiado raros para que las otras fábricas los vean claramente.


Un laboratorio para el mundo

Experimentos científicos tan ambiciosos como el proyecto LHC son demasiado caros para que un solo país pueda acometerlos. Cierto es que la colaboración internacional siempre ha desempeñado una función en la física de partículas, ya que los científicos se sienten atraídos por los laboratorios mejor habilitados para sus intereses investigadores, con independencia de su situación. A medida que los detectores han devenido más grandes y más costosos, el tamaño y la dispersión geográfica de las colaboraciones que han ayudado a su construcción han crecido de manera correspondiente. (Fue la necesidad de facilitar la comunicación entre las grandes cantidades de colaboradores del LEP lo que estimuló la invención de la “World Wide Web” por Tim Ber­ners-Lee, en el CERN.)

Tal como se aprobó en un principio, el acelerador LHC se iba a financiar exclusivamente por los (entonces) 19 estados miembros europeos del CERN, de manera que la construcción tuviera lugar en dos fases, siguiendo un lento y penoso calendario, un plan que era científicamente pobre y más caro en conjunto que una realización más rápida, en una sola fase. Afortunadamente hay fondos adicionales de otros países que acelerarán y mejorarán el proyecto. Alrededor de un 40 por ciento de los usuarios del LHC provendrá de estos países. Contribuciones para la fabricación de los componentes del acelerador (además del trabajo en los detectores) han sido acordadas por Canadá, India, Israel, Japón, Rusia y los E.U.A. El laboratorio KEK del Japón, por ejemplo, proporcionará 16 imanes focalizadores especiales. Los E.U.A., que ya tienen más de 550 in­vestigadores implicados en los experimentos del LHC, proporcionarán el mayor grupo nacional; componentes del acelerador serán proyectados y fabricados por Brookhaven, Fermilab y Lawrence Berkeley National Laboratory.

En comparación con otros detectores previos, ATLAS y CMS contarán por lo menos con cuatro veces más participantes. 5000 científicos e ingenieros de más de 300 universidades e institutos de investigación de 50 países de seis continentes parti­cipan en la construcción de los cuatro detectores. Cuando es posible, los componentes se fabrican en las instituciones participantes, al alcance de los estudiantes (que se formarán muy bien trabajando en tales proyectos) y en colaboración con industrias locales. El análisis de datos también estará disperso. Será un reto formidable la organización de estos proyectos situados en los límites de la técnica, con sus estrictas especificaciones y sus apretados calendarios, manteniendo al mismo tiempo la democracia y la libertad de las iniciativas científicas que son esenciales para que prospere la investigación.

El CERN ha sido fundamentalmente un laboratorio europeo hasta ahora. Con el LHC está llamado a convertirse en un laboratorio del mundo. Sus 7000 usuarios científicos actuales ya representan más de la mitad de los físicos experimentales de partículas del mundo.
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MensajeTema: Re: El gran colisionador de hadrones   Sáb Oct 19, 2013 6:47 am

Interesante, pero esta noticia ya se publico en la época de Newton Razz
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Pur
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MensajeTema: Re: El gran colisionador de hadrones   Sáb Oct 19, 2013 12:04 pm

"La última vez que se produjo en gran escala una colisión de quarks tan violenta fue hace miles de millones de años, durante el primer picosegundo (10–12 segundos) siguiente a la gran explosión (“big bang”), pero volverán a ocurrir de nuevo hacia el año 2005,"


y fue en el 2008 al final (aunque en funcionamiento se puso en el 2009)... vamos a ver dentro de 15 años cuando se cumpla el plazo de observación estipulado, qué tiene para decirnos Sheldon Cooper  Razz 
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MensajeTema: Re: El gran colisionador de hadrones   

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El gran colisionador de hadrones
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